La infancia de Vladímir Putin

Un niño pobre en la Unión Soviética
Una historia familiar trágica
La Segunda Guerra Mundial como trauma
Aquel Leningrado de los años 50
La famosa historia de la rata que atacó a Putin
VIda en un
Su abuelo fue cocinero de Stalin
La grandeza del Imperio Soviético
Un estudiante aplicado
Un niño dispuesto siempre a la pelea
Una carrera gris en el KGB
El fin del comunismo
Militante tardío
El ascenso al poder
Una infancia dura que curtió su carácter
Golpear primero
Un niño pobre en la Unión Soviética

Aunque en la antigua URSS (el presunto paraíso socialista) no existían oficialmente las desigualdades, la realidad es que había población desfavorecida y Vladímir Putin creció en un entorno pobre. Nació en Leningrado (actual San Petersburgo) el 7 de octubre de 1952.

Imagen: De Kremlin.ru, CC BY 4.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=5389243

Una historia familiar trágica

La madre de Vladímir Putin (en la imagen) trabajaba en una fábrica y su padre fue soldado de la Marina soviética (fue gravemente herido en combate en la Segunda Guerra Mundial) y luego obrero. Tenía dos hermanos pero murieron (ambos por enfermedad: uno de ellos por diftería durante la guerra). Su abuela materna y dos tíos suyos murieron en la Segunda Guerra Mundial.

Imagen: De Kremlin.ru, CC BY 4.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=5389243

La Segunda Guerra Mundial como trauma

En una entrevista con la BBC, el periodista Steven Lee Myers (corresponsal en Moscú para The New York Times durante siete años y autor de una biografía titulada 'The New Tsar') destacaba como crucial en la infancia de Putin esa huella trágica de una guerra mundial que no vivió pero cuyas consecuencias sí sufrió en su familia: "Creo que esa experiencia, esa mitología alrededor de la guerra es algo con lo que Putin creció y es fundamental para su carácter".

Aquel Leningrado de los años 50

Putin creció en un barrio humilde de Leningrado y su principal diversión era cazar ratas, según ha contado él mismo y se refleja en una suerte de autobiografía titulada 'First Person: An Astonishingly Frank Self-Portrait by Russia's President Vladimir Putin'.

La famosa historia de la rata que atacó a Putin

Es célebre y ha sido recurrentemente repetida la historia de la rata que atacó a Putin. Según recoge el Daily Mirror (tomado del libro autobiográfico antes citado), “Una vez vi una rata enorme y la perseguí por el pasillo hasta acorralarla en una esquina. De repente se dio la vuelta  y se arrojó sobre mí. Estaba sorprendido y asustado. Ahora la rata me perseguía".

VIda en un "piso comunal"

En aquel Leningrado que fue escenario de la infancia de Putin abundaban los "pisos comunales", donde convivían varias familias, y en uno de ellos creció Putin. Vera Dmitrievna Gurevich, que fue maestra del actual presidente ruso, describió a Daily Mirror aquellas viviendas: “No había agua caliente, ni bañera. El baño era horrible. Y hacía tanto frío, horrible”.

Su abuelo fue cocinero de Stalin

Otro revelador detalle sobre  los orígenes familiares de Putin es la profesión de su abuelo paterno: fue cocinero de Stalin, según se recoge en un perfil biográfico firmado por Roger Cohen en The New York Times.

La grandeza del Imperio Soviético

Así que Putin se crió, aunque pobre, entre historias familiares sobre la grandeza del Imperio Soviético y cómo, con enorme sacrificio, la URSS ganó la guerra a los alemanes. Esa grandeza imperial es la que, ya adulto, siempre se ha empeñado en recuperar para su país.

Un estudiante aplicado

Lo cierto es que la Unión Soviética dio a Putin la oportunidad de estudiar y él la aprovechó bien. Estudió alemán en la escuela secundaria y domina dicho idioma de modo fluido. Tras la escuela se matriculó en la facultad de Derecho pero su destino no era ser un hombre de leyes. De hecho, en 1975 ingresó en el temido KGB, los servicios secretos soviéticos.

Imagen: De Kremlin.ru, CC BY 4.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=4970161

Un niño dispuesto siempre a la pelea

Otro factor determinante de la personalidad de Putin forjado en la niñez fue su disposición a la pelea, su determinación por no dar nunca la espalda al enfrentamiento si la ocasión lo requería. Por eso, desde muy joven practicó las artes marciales. Es cinturón negro de judo.

Una carrera gris en el KGB

Si Putin soñaba en su infancia con convertirse en un héroe de la Unión Soviética, su carrera en el KGB le debió frustrar. No fue destinado a Berlín Oriental, el paraíso de los grandes espías soviéticos, sino a la entonces aburrida Dresde, donde se dedicó más al papeleo que a otra cosa.

El fin del comunismo

En Dresde asistió Putin al derrumbe del comunismo en toda Europa. Renegó de aquel socialismo soviético para adaptarse a los nuevos tiempo y volvió a su Leningrado natal ya en tránsito para volver a ser San Petersburgo, como en la época de los zares.

Militante tardío

¿Tiene Putin creencias comunistas en lo más profundo? Es dudoso. Su ideología tiene más que ver con el nacionalismo ruso puro. De hecho, según consta en la propia Wikipedia, a los 12 años era uno de los pocos niños de su clase que no militaba en los Jóvenes Pioneros, la organización juvenil comunista de la URSS.

El ascenso al poder

El poder sí que atrajo a Putin desde muy joven, y por eso tras su salida del KGB (mientras comienza a formar su propia biografía familiar) entra en política local en San Petersburgo y se acerca a Boris Yelstin, hombre fuerte de la Rusia en transición del socialismo a un nuevo régimen.

Una infancia dura que curtió su carácter

Todas las biografías de Putin coinciden en que tuvo una infancia dura, abundante en peleas callejeras y bastante desatendida en lo familiar. Eso forma parte de su carácter, eso le ha formado.

Golpear primero

Masha Gessen, autora de 'The Man Without A Face: The Unlikely Rise Of Vladimir Putin' , sostiene que Putin fue un niño "dejado a su suerte". Y que su experiencia le llevó a pensar que, en la vida, siempre hay que golpear primero. Seguramente eso le haya guiado a la hora de gobernar y guerrear. Pero ahora es un adulto y sus decisiones van más allá de que una rata perezca u otro niño regrese a casa con la cara golpeada.

ADEMÁS: Z. el misterioso signo de apoyo a Putin

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